miércoles, 24 de agosto de 2016

¡Cuanto despilfarro!



Hace años que vengo oyendo las barbaridades que se han cometido en este país nuestro construyendo aeropuertos, autopistas etc, que nunca serán rentables, pero esta tarde he ido, por casualidad, al hospital Santa Lucía de Cartagena y casi lloro de emoción. 


He estado sentado (absolutamente en solitario), junto a una piscina olímpica (cerrada desde su inauguración) y a una pista de tartán (eso sí, laberíntica e imposible de transitar corriendo, que digo yo, que será para lo que se ha colocado..).




¿Pero qué hace una piscina de esas características y una pista tan especializada en un hospital? ¿Saben lo que cuesta un revestido de tartán?


Cuando llegué a Murcia venía con mi récord universitario en 5.000 mts y mi ilusión y planes de entrenamiento y comencé a estudiar medicina. Recuerdo que la única pista de tartán era la que tenía construida la Academia Gral del Aire en San Javier. Nosotros, como club de atletismo, limpiamos y accedimos al uso de una pista de ceniza (llena de plantas y con socavones de la falta de uso), en lo que los últimos estertores de la dictadura habían creado junto a la carretera de Madrid. El complejo residencial de Espinardo se alzó como el mejor ejemplo en la Región de los nuevos equipamientos asistenciales impulsados por los tecnócratas de la dictadura, concebido con una voluntad social, para prestar una asistencia integral a los colectivos más desfavorecidos. Es decir, para niños sin hogar, madres solteras y ancianos sin techo, habían hecho un gimnasio fantástico y una pista de atletismo (ya vemos que hay precedentes de los disparates que estamos haciendo ahora).


Nosotros desbrozamos la pista, la alisamos y la utilizábamos para nuestros entrenamientos universitarios. Era el Club de atletismo Albatros. Ahí entrenábamos un grupo de jóvenes estudiantes de carreras universitarias.


Decir tartán, en aquél momento, era soñar con el paraíso. Pues bien, llegó Barcelona 92 y España se cubrió de instalaciones deportivas. No había población de mediana entidad, que no tuviera una piscina cubierta y pista de atletismo. Recuerdo una frase del entonces consejero de Obras Públicas cuando jugábamos a baloncesto y le comenté la falta de criterio al construir tanta instalación. No te preocupes, me dijo, cuando acaben de asfaltarlo todo, pararán.

Bueno, pues se llenaron los pueblos de instalaciones sin previsión ni criterio técnico, se hicieron piscinas climatizadas para tratar a no sé cuantas personas que tenían que nadar para sus dolencias; ¡qué disparate!


Y ahora, me encuentro al lado de una piscina olímpica y sobre una pista de tartán ¡En un hospital! No hay mejor forma de espantar a cualquiera que pretenda asociar ejercicio y terapia complementaria que poner algo elitista e imposible. Es como si pusiéramos un cine 3D en un Colegio de ciegos. ¿Cómo no se pensó en instalaciones multiuso? 

Es la gran diferencia de ver un Hospital con instalaciones que favorecen el ejercicio, es decir, accesos de carril bici, escaleras atractivas, espacios de uso para momentos de ocio, como canastas, zonas de juegos etc. A ver, por el contrario, un espacio para hacer deporte de élite que nadie del Hospital va a utilizar (como de hecho ocurre).


Ni en la casa de un nuevo rico sin ninguna clase ni sentido común se da tal falta de criterio y tanta irresponsabilidad. De verdad, que me dan ganas de llorar…

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