martes, 6 de diciembre de 2016

Información, Internet, Redes Sociales.....



El siglo pasado fue el de la información. Nunca en la historia de la humanidad, las clases populares habían tenido la oportunidad de acceder a la información, reservada, tiempos atrás, a grupos ocultistas (masones etc) o dedicados a la lectura en Monasterios. Por fin, la cultura era accesible y las universidades abrían sus puertas a las clases medias y bajas. Internet y las redes sociales, han multiplicado ese efecto y han puesto millones de textos y estudios a disposición de cualquiera que tenga un medio para acceder a la red. 

De esta forma, la información circula de forma continua y sin posible censura. Sin embargo, ahora surgen nuevas fuentes de equívoco y confusión. Por un lado, la circulación, sin filtro, de información falsa, manipulada y malintencionada, generalmente en beneficio de grandes empresas interesadas en mantener beneficios, aún a costa de la salud de los consumidores. Por otro lado, el purismo y la obcecación en lo estrictamente probado, algo que es muy importante en el ambiente académico pero muy poco práctico en la solución inmediata a problemas relacionados con la salud.

Voy a referirme, ahora, a este segundo efecto secundario de la información masiva a la que nos enfrentamos.

La astrología perdió todo argumento práctico en el momento en que la astronomía tuvo la ayuda de las matemáticas y la observación experimental. La medicina, sin embargo, carece aún de esa explicación científica matemática a los procesos biológicos, de forma que solo la aplicación del método científico (experimentos), nos ha llevado al punto actual de conocimiento. El médico está obligado a aplicar el conocimiento científico, manifestado por los consensos, guías terapéuticas, publicaciones en revistas de gran impacto etc. No obstante, la práctica médica diaria nos enseña que a la hora de tratar al enfermo, en muchas ocasiones tienes que utilizar medios que no están contrastados al 100%. Al fin y al cabo, seguimos siendo brujos con bata blanca.
Internet se llena, ahora, de centenares de bienintencionados colegas que nos machacan con los metaanálisis, los Cochrane y todo tipo de rigor científico. El profano que entra al trapo, observa atónito, publicaciones institucionales a favor de la vacuna antigripal, por ejemplo, al tiempo que médicos de prestigio nos informan de la falta de rigor científico de tal práctica. Ese debate, que sería enormemente enriquecedor en el medio académico, se convierte en frustrante e inútil en el medio informativo general al que acuden pacientes curiosos. ¿A quién hacer caso?


En el ámbito de la nutrición aplicada al deporte, ocurre otro tanto, de forma que asistes a debates sobre la valoración de una dieta o suplemento, basados en publicaciones, conferencias o simples valoraciones de supuestos expertos. En este sentido, me imagino el efecto que habrá provocado el titular: “Exactamente lo contrario a la ‘paleodieta’ es lo mejor para vivir más años” publicado en “El País” el 30 de noviembre pasado (http://elpais.com/elpais/2016/11/25/buenavida/1480073468_299148.html).

La lectura del artículo, empezando por su titular, es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando una serie de informaciones (en este caso, mezcla de artículos, opiniones de investigadores etc), se leen por una persona no especialista.

 Si mis lectores se toman la molestia y lo leen, comprenderán a qué me refiero.

Un visionado rápido por un lector no especializado, sacará la conclusión –basada en artículos de investigación, opiniones de catedráticos e investigadores- de que la llamada paleodieta no es saludable.

Ahora, sin entrar en muchos tecnicismos, les animo a una segunda lectura con unas premisas previas
1.- ¿A qué se le llama exactamente paleodieta? La definición es importante, porque si se refiere a lo que comíamos hace decenas de miles de años, es absolutamente inabordable para el hombre actual y, en cualquier caso, no era una dieta única ni muy alta en proteínas y baja en carbohidratos, como se dice en el artículo. El debate serio sobre la dieta paleo o ancestral, no es si comer cereales o no, o si tomar almendras es paleo, sino en entender que hay alimentos introducidos en tiempos recientes (en términos evolutivos) que pueden no ser tolerados por todos (lácteos, cereales etc), al tiempo que, es importante darle su valor real a verduras y pescados –entre otros alimentos- como fuente de fibra y ácidos grasos n3, mientras que debemos ser precavidos con alimentos procesados, grasas trans, azúcares etc
2.- Un artículo como el comentado, efectuado en ratones, es muy importante como investigación preliminar, pero tal como dice el Prof Villarroya, hay que probarlo en humanos y en cualquier caso, hay que valorarlo con precaución…. Esa frase es trascendental en el contexto y hay que darle máxima relevancia.
3.- La referencia al artículo publicado en la revista de Formación Médica Continuada en Atención primaria, estudia dietas hiperproteicas y pobres en carbohidratos para reducir peso (particularmente tipo Dukan y Pronokal),  que están basadas en aportes de proteínas naturales o preparados comerciales, y lo que dice es que no están exentas de efectos secundarios y contraindicaciones que es preciso conocer. No hay referencias a dietas ancestrales ni nada parecido.
4.- Cuestiones como que el hígado o los riñones trabajan más con esa dieta, carece de rigor. ¿Qué significa que trabaja más? Habría que especificar la persona que sigue la dieta, el nivel de desequilibrio de dicha dieta, el tiempo seguido, los posibles medicamentos tomados, etc etc etc 

La insistencia en encontrar “armas para la obesidad” en hormonas, señalizadores celulares, alimentos, dietas etc, es insistente en los medios y se utiliza a los investigadores como medio para atraer lectores interesados en cómo poder perder peso y qué tan cerca se está del remedio último y eficaz. Pues no es así, no hay forma de combatir el exceso de peso provocado por el sedentarismo, la dieta inadecuada e hipercalórica y la presencia de azúcares, alimentos procesados, grasas trans etc etc que es lo que realmente hay que controlar.

Leamos, estudiemos, sigamos los debates, pero seamos críticos y busquemos la relevancia científica o curricular de la firma al pie del escrito.

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